klímtbalan*ladrona de guante blanco


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Una mente inquieta como la de Klímtbalan´S no para de maquinar. Ahora quiere convertirse en Marnei La Ladrona, pero con un sólo fin, RobaR Arte…Para ello utiliza guantes blancos, de ahí la transformación de su espacio.
Pero no quiere lanzarse a tal aventura sin consultar con sus cómplices, incluso sin saber qué diría Alfred Hitchcock de todo esto…

Relatos de Pedro


Voy a escribir la historia de un pobre campesino que fue asesinado. Jamás hubo persona que pudiera decir el motivo, porque éste nunca existió.

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EL CAMPESINO

Este pobre hombre jamás tuvo que confesar pecados, sólo pedir cuentas de la culpa que se cometió con él. Este hombre era un humilde campesino, envejecido por el trabajo y el dolor. Trabajó para su padre, su mujer y sus hijos constantemente, hasta el último día de su vida, sin quejarse nunca, sin pedir jamás nada a nadie.
Su dorso se había encorvado a fuerza de doblarse sobre la tierra y sus manos se hicieron oscuras y duras como terrones endurecidos por la canícula y por el hielo. Oraba todos los días y se contentaba con su pan.

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Un día, sin que nunca supiera porqué, fue detenido y muerto. Su país se encontraba en guerra, pero él no estaba en guerra con nadie. Seguía cultivando sus campos, porque también en tiempo de guerra los hombres seguían teniendo necesidad de todo, del grano que restaurara sus fuerzas, del vino que alegraba y alegra el corazón, de las frutas que endulzan su boca.

Aquel día de primavera, estaba sólo en el campo, cerca de la carretera, quitando las orugas a un melón en flor, cuando pasaron unos soldados por el camino, armados y metidos en un carro. Se detuvieron y se lo llevaron con ellos junto a otros hombres pobres y despavoridos. Preguntó porqué les llevaban de aquella manera, pero nadie respondió a su pregunta.

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Anduvieron por el camino desierto durante mucho tiempo, en silencio. Llegados a la clara de un monte el carro se paró y les hicieron bajar, dándoles picos y palas, les fueron ordenando en silencio. Alrededor todo estaba sereno. De pronto una voz les ordenó que hiciesen hoyos. Obedecieron. En la espesura de los árboles algunos pájaros cantaban alegremente a la primavera.

Cuando cada uno de ellos hubo escavado su fosa, les ordenaron desnudarse y se negaron. Eran veinte, casi todos jóvenes, algunos empezaron a llorar, otros blasfemaban e imprecaban, uno se puso de rodillas pidiendo gracia, otros dos intentaron huir. Estaban petrificados por el terror. Habían comprendido lo que se quería hacer con ellos.

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Los soldados, siempre en silencio, les rodearon y sacaron las armas. Uno de ellos a dos pasos de este humilde campesino disparó a bocajarro sobre su frente. Cayó de espaldas y no fue mas que un cadáver en medio de cadáveres.

Esta fue su vida, este fue su fin. Jamás hizo mal a nadie, no traicionó. Estaba trabajando en su campo. Si hubieran tenido hambre, también les hubiera dado un pedazo de pan, si hubieran tenido sed, también les hubiera dado un vaso de vino.

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¿Por qué lo mataron? ¿Por qué Dios toleraba que fuesen asesinados los inocentes? ¿Acaso no está en todas partes? ¿No lo ve todo y lo sabe todo? ¿Por qué no volvió su mirada hacia esos pobres inocentes, en aquellos horribles momentos? ¿Por qué no movió su mano poderosa para salvarlos? Esto se preguntaban todos los que le conocían, pero jamás hallaron respuesta alguna.

Todo lo escrito es pura fantasía de mi mente ¡Como siempre!

Bullas en el mes de diciembre del año 1999

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Texto: Pedro Corbalán Párraga. Mi padre.

Anterior relato: La Degradación.


Pinturas: Van Gogh

Dolores Canteras Millán. Siempre


Mi madre es el SIEMPRE, aunque nunca volveré a verla, es el SIEMPRE.

Ella SIEMPRE estaba. Ante cualquier circunstancia, mi madre estaba.

Para arroparme, SIEMPRE estaba. Amanecía y ella estaba.

Pronunciabas su nombre y estaba.

Sus manos limpias, su cálido abrazo, su regazo con ese olor a tierra SIEMPRE firme.

No existía el peligro, porque ella SIEMPRE estaba.

Apasionada de sus hijos, su vida cambió cuando a su lado dejamos de estar SIEMPRE.

Vivo convencida de que su interés por la vida dejó de ser, y se convirtió en un estar inanimado. En un dejar pasar, hasta qué…

Su mente se fue difuminando en un gris de distintos tonos; con pinceladas cálidas a veces, cuando te podía reconocer y repetía tu nombre con sílabas opacas, mientras arrullaba una pequeña muñeca.

O le nacía un inesperado “¿qué te pasa hija mía?” cuando percibía, ante tu asombro, ese estado de inevitable tristeza en el que te encontrabas a su lado, sintiéndote esa muñeca en sus brazos.

Otras veces te recibía, nunca te esperaba, con un gris oscuro y frío con el que te ignoraba, mirándote en neutro. O te convertías en algo que le era molesto en su escapada hacia un nuevo lugar desconocido, pero deseado.

Hasta que su cuerpo aburrido ya,  sin su mente y sin recuerdos, se alejara para SIEMPRE y para NUNCA.

Y lo hizo indudablemente con los deberes bien hechos, de sobresaliente. Y con la ilusión de encontrar en el lugar donde iba a todas aquellas personas que fueron importantes para ella en algún momento de su vida y a las que ella recordó SIEMPRE.

Conseguiste esperarnos Dolores, para no estar sola en ese desconocido paso que va desde la luz a la oscuridad, del sonido al silencio, del sentir al sin sentido. Y así, acariciándote esas incansables manos, te hicimos más dulce el sueño.

En ese momento nos dejaste todo lo que fuiste y ERES en nuestras vidas enmarcado para SIEMPRE, decorando esas paredes transparentes que nos envuelven, hasta llevarnos hacia tu misma despedida.

Nuestro abrazo indescriptible mamá.

Este homenaje a mi madre, se lo dedico especialmente a mi hermano “Pedrito”, con el que he vivido momentos duros como este  y otros muchos de felicidad compartida.

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LA DEGRADACIÓN CUBRE AL SER HUMANO

 

Como si de una mascarilla de mierda se tratase, el hombre del final del siglo XX se ha tapado los ojos, en un intento infantil de evadirse de su responsabilidad ética, la cual ha sido olvidada, más aún apartada y despreciada por un hombre ávido de satisfacer sus propios deseos.

Hemos construido un mundo dónde el libre comercio es el pilar de la convivencia, olvidando por completo los demás elementales rasgos de la humanidad, y dónde la moral es ahora objeto de mofa e incomprensión. Un mundo donde cada cual mira por su economía y donde el respeto está valorado según la nómina.

La degradación es palpable y cubre de mierda al género humano.Esta situación se hace insostenible por el mero hecho de estar desbordada. Hemos llegado a un punto irreversible donde los extremos salen a la luz, dando lugar a situaciones inconcebibles, como el paso de los indigentes a ser marginados. Ahora son números de estadísticas que representan a los vagos de España.

Una sociedad inculta es lo que somos, una sociedad sin criterios, donde a nadie le apetece resolver sus problemas, pues para eso están los políticos. Una sociedad donde se podría vivir trabajando tres días a la semana y en la que los despropósitos y la mofa ajena, destellan el corazón dolorido de las gentes. Un mundo donde ser diferente no se tolera, donde los tontos no tienen derecho a derechos. Una sociedad que vuelve a la ley natural de la selva; donde el intelecto ahora es un arma de lucro personal guiada por el interés económico. Donde las guerras se deciden en base a intereses comerciales. Donde la dignidad humana hay que comprarla.


Estamos en un mundo degradado, amigo mío. Un mundo donde la evasión se convierte en la forma más fácil de huida. Un mundo que va evolucionando y que no tiene perdón.

Bullas a 9 de febrero del año 1998.

Como ya os “amenacé” hace unos días, transcribo otro del los pensamientos de este señor octogenario que es mi padre.
Es la única forma de edición – con la única intención – de que no mueran en un cajón – sin haber dado opción – a recibir alguna opinión. Siendo todo ello producto de su imaginación. 😉


Las terroríficas ilustraciones son de GRZEGORZ KMIN

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La bohemia

Estas son las manos de mi padre, 84 años manteniéndose bonitas, cuidadas, distinguidas, manos de artista anónimo. Afortunado para la época que le tocó vivir, consiguió estudios de seminario que abandonó más tarde por la vida mundana, pero se los guardó todos y los conserva en una inmensa e intacta memoria.

Músico de oído con armónica, amante de las letras, fotógrafo casual con buenos encuadres, poeta, solitario irónico, divertido discreto. Nuestros paseos de atardecer veraniego, eran juegos de palabras encadenadas, canciones a dos voces, rimas improvisadas… Ahora sé todo lo que esto me marcó. Esto y la nariz, herencia genética de la que se siente muy orgulloso.

En sus 20 años de jubilado, acompañado de una máquina de escribir antigua, escribe lo que pasa por su mente, relacionado casi siempre con la muerte; textos macabros, nacidos de sus visitas al cementerio, donde siempre nos ha llevado alguna tarde de vacaciones, y subiéndonos a hombros nos asomaba al osario para que viésemos lo que somos. Un poco de “locura” ocupaba y ocupa su mente. “Calistrada” la llama él.

En mi última visita a su pueblo de Murcia en el que vive cuidándose a sí mismo, volvimos al cementerio de Mula, donde está lo que fue mi abuelo, para no perder esas buenas y divertidas costumbres. Me pasó unos textos escritos con su máquina, de los que os invito a leer unas letricas.

La descomposición.

…”Una vez anulada la consciencia, mi metabolismo salvaje relaja su actividad por el rápido estancamiento de su fuerza vital. A partir de ahora entramos en lo que podríamos definir como la pérdida de control de la consciencia ligada al poder de decisión sobre el cuerpo. Es ésta, sin duda, la parte más apasionante de la descomposición.

Por una parte las células actúan ajenas a mí, sin recibir órdenes del ningún mando central, con voluntad propia. El cuerpo se divide en tantas partes independientes como células posee. Su misión empieza en el instante preciso en que dejan de recibir energía exterior.

En ese momento saben que ha llegado la hora de mutar a un organismo vivo superior, pues van a dejar de ser simples células para convertirse en larvas con vida propia, bajo un instinto primario que les empuja a sobrevivir (…)

Lo que no llegaré a saber es si las larvas saben que se están comiendo a su creador, este parece un comportamiento cruel, pero admito que es justo y natural, ya que como cualquier ser que acaba de nacer, no posee ningún conocimiento del mundo real mas que los que él mismo experimenta. (…) La vida continúa dos metros bajo el suelo, pues es tu vida la que termina, son sus vidas las que han comenzado.

Ya no siento nada, inhibido, desanimado sigo llorando(…)pero mis párpados desgarrados evitan mantener mis ojos cerrados.


“Hombre apenado porque no puede verse muerto”.

Las fotografías “macabras” las hice en esta visita.