Pastora con su rebaño. Jean-François Millet (1814-1875)


“La calma, la serenidad y la armonía, triunfan en este lienzo. Vestida con una capellina de lana y con una capucha roja en la cabeza, una joven pastora (tal vez la propia hija del pintor) se mantiene en pie delante del rebaño. Hace punto, bajando la mirada hacia su labor. En un paisaje monótono, que se extiende sin el menor accidente hasta la lejanía, está sola con los animales. El rebaño forma como una mancha de luces ondulantes, con los reflejos de las llamas del sol poniente. La escena es admirable debido a precisión y melancolía. Millet ha sabido observar hasta los más mínimos detalles, como las florecitas del primer plano. Juega con la perfecta armonía de los azules, de los rojos y de los dorados.

A partir de 1862, Millet pensaba en un cuadro de pastora guardando sus borregos. No habló de ello con nadie, pero Alfred Sensier cuenta que el tema “se había amparado de su mente”.
Una vez acabada, esta obra fue presentada en el Salón de 1864 donde recibió una calurosa acogida. “Cuadro exquisito” para unos, “obra maestra” para otros, la escena de lo más apacible seduce a todos aquellos que prefieren la evocación de los idilios campestres a los de la miseria campesina. Pastora con su rebaño obtuvo incluso una medalla y el Estado, hasta entonces poco interesado por Millet, deseó comprarla. Pero la obra ya estaba prometida al coleccionista Paul Tesse. Como número de otros Millet, este cuadro entró al final en las colecciones nacionales en 1909, gracias al legado de Alfred Chauchard, el director de los Grandes almacenes del Louvre.”

Jean-François Millet (1814-1875)
Pastora con su rebaño
Hacia 1863
Óleo sobre lienzo
Alt. 81; Anch. 101 cm
© RMN (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski

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ROLLA. Henri Gervex (1852-1929)


Mientras paseaba por el “Musée d’Orsay” durante un reciente y breve fin de semana en París, deleitándome con la gran cantidad de pintura impresionista que cada noche duerme en aquel lugar, pensaba que el arte no tiene un lugar en el tiempo y nosotros no tendremos tiempo de ver en cualquier lugar, tanto arte como el que existe, aunque nos limitemos a una sóla de sus disciplinas o a una sóla de sus épocas. Es inabarcable.
Los que pasáis por aquí ya sabéis de mi aficción por pregonar arte visual, bastante, pero nunca suficiente. La mayor parte de lo que aquí encontráis es contemporáneo, por eso durante mi deambular entre todas aquellas obras tan inmensas en su tamaño como en su contenido, me dije que os las traería hasta aquí y con ellas arrastraría también su pequeña historia, porque casi todas ellas representan un momento que su autor nos quiso contar.
Además de belleza encierran el instante de un relato. 

RoLLa
Henri Gervex (1852-1929)
1878
Oil on canvas
H. 175 ; W. 220 cm
Paris, musée d’Orsay

“Gervex se inspira en un largo poema de Afred de Musset (1810-1857), publicado en 1833. El texto abarca el destino de un joven burgués, Jacques Rolla, inmerso en una vida de ocio y de vicio. Conoce a Marie, adolescente que se prostituye para librarse de la miseria. Aquí vemos a Rolla, arruinado, cerca de la ventana, girando la mirada hacia la joven dormida. Pronto pondrá fin a sus días, absorbiendo veneno.

Si la escena fue juzgada indecente, no es debido a la desnudez de Marie, que no difiere para nada en otros desnudos canónicos de la época. Lo que llama la atención de los contemporáneos es en realidad la naturaleza muerta constituida por las enaguas, una liga, un corsé desabrochado con prisas, con encima un sombrero de copa. Fue Degas quien hubiera aconsejado a Gervex colocar “un corsé en el suelo” para que se entienda que esta mujer “no es un modelo”. En efecto, esta disposición, la naturaleza de la ropa, indican claramente el consentimiento de Marie y su estatuto de prostituta. Además, el bastón saliendo de la ropa interior actúa como una metáfora del acto sexual”.