CatoRce de abRil


Anoche me ocurrió algo muy curioso, me vino a la memoria de repente un libro que hace tiempo compré, quizá unos diez años, y que ya leí en su día, pero que como os podréis imaginar, no me acordaba de nada y más teniendo en cuenta que dicho libro “La Huerta del Edén”  es una selección de artículos que publicaba en la sección de Andalucía de “El País” Antonio Muñoz Molina. Como la cubierta del libro es de un indiscreto tono amarillo, mi vista lo localizó rápidamente en la estantería donde dormitaba plácidamente entre otros cuantos. Pero lo que me emocionó fue que al abrirlo lo hice justo por una página en que comenzaba un artículo titulado “Catorce de Abril”. Por supuesto lo leí con cara de sorpresa por la coincidencia, ese y alguno que otro más, porque Muñoz Molina con la magia de sus palabras y dos de sus párrafos ya me tiene atrapada.

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Pensé que era un buen día para dejaros aquí un fragmento de los pensamientos y palabras que contiene este artículo.

…”En los tristes años cincuenta ir a visitar a Pío Baroja un día de abril y oler el césped en los jardines y el polen en el aire de seda, era celebrar en secreto el advenimiento de la Segunda República, y también imaginar que igual que volvían las hojas anchas de los castaños y las corolas de los tulipanes a los jardines públicos, también volvería alguna vez la bandera roja, amarilla y morada del catorce de abril.

De una manera íntima, casi siempre en privado, los republicanos españoles seguimos celebrando nuestra fiesta nacional, y en medio del energumenismo de banderas y de banderazos que se agita en todas partes erigimos esa bandera tricolor que tiene toda la poesía de lo perdido y de lo inútil, toda la belleza de su afirmación de un patriotismo no basado en la xenofobia, ni en la irracionalidad, ni en la más burda antropología inventada, sino en los pocos principios que desde el siglo XVIII han vuelto menos inhabitable el mundo: la libertad, la igualdad, y la fraternidad, la primacía de la razón frente a la fuerza, la instrucción pública, el laicismo, exactamente todo aquello que menos importa ahora a quienes se dedican a la política, que son capaces de acceder a los cambalaches más ruines a cambio de un poco de poder.

Ahora que hay tantas fiestas y tantas conmemoraciones, algunos vindicamos cada catorce de abril el modesto y minoritario derecho a emocionarnos con el recuerdo de las muchedumbres ilusionadas y joviales que llenaron aquel día todas las plazas españolas. Nadie es más respetuoso que un laico hacia las convicciones religiosas o morales de los demás. Pero, en mi condición de laico, yo espero no molestar a nadie si digo que entre tantas fiestas y procesiones y efemérides tengo nostalgia de una fiesta serena y civil, y defiendo, por lo tanto, con todo respeto, pero también con toda claridad, la separación estricta entre los poderes públicos y las actividades religiosas. No hago por cierto, una declaración jacobina y ni siquiera republicana: es la constitución de 1978 la que establece la no confesionalidad del estado.”…

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Fragmento de “Catorce de Abril”
Antonio Muñoz Molina, 1996

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“Es difícil hacer a un hombre miserable mientras sienta que es digno de sí mismo”

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“Medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas”

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“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”

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lago

“Tengamos fe que la razón es poderosa; y con esa fe, avancemos hasta el fin, haciendo la parte que nos toca, siguiendo siempre la verdad”

esquina

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“Si pudiéramos saber primero en donde estamos y a donde nos dirigimos, podríamos juzgar mejor que hacer y como hacerlo”

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familia


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“Ningún hombre es demasiado bueno para gobernar a otro sin su consentimiento”

tren

“Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios”


Pinturas de Kadir Nelson.

Pensamientos de Abraham Lincoln.

Javier Reverte__viajero sin prisa


Me gusta Reverte, pero Javier. El primer libro suyo que se me acercó sin que yo me lo propusiera fue “Vagabundo en África” y después, ya sí buscados a propósito, “El Sueño de África” y los “Caminos Perdidos de África”, que forman una fabulosa trilogía.

Javier, que es un viajero incansable, cuenta sus experiencias con tanta naturalidad y ternura que consigue situarte en el lugar donde se encuentra, entablando conversaciones con nativos en las que te parece estar involucrado, combinando sus experiencias directas con referencias históricas,  trasladándote desde el presente al pasado para que comprendas la situación social del lugar del mundo que nos describe, y todo ello acompañado siempre con sus notas filosóficas sobre la condición humana.

No hace mucho leí una de sus novelas, género con el que también nos obsequia; “Todos los Sueños del Mundo”, me sorprendió mucho el comienzo y “locoloco” por aquí..

“dios y el caracol no viven tan alejados como podrían suponer las mentes poco observadoras. Existe un ser en la tierra que hace de puente entre ellos, a medio camino entre uno y el otro. Le llaman hombre y es una especie ambigua que, al igual que los caracoles, se arrastra sobre su propia baba con fatiga, y a imitación de dios, cree ser eterno.

 

Individuo de una especie condenada, como cualquier otra, a la extinción, el bicho humano sobrevive en su fragilidad mientras sueña con ser todo aquello que no alcanzará a ser nunca.

Es un caso perdido, pues se siente emparentado con lo divino en tanto se arrastra acorazado por el desconcierto y huérfano de lógica. Dice oficiar de santo por el día y burla al cielo reverenciando al diablo por la noche; es ingeniero de locuras al tiempo que torpe y voraz administrador de su propia hacienda; oficia a ratos de crápula tarambana para transmutarse luego en locuaz predicador de la virtud, y sobrevive a la postre como un ser imprudente que alardea de honesto.

Asesino los domingos y contrito los lunes, víctima de un extraño mal que le conduce al vértigo desde que amanece, se ilusiona a diario en el empeño de abandonar su concha y emprender vuelo, a semejanza de los ángeles, al encuentro de dios y escapando de su calidad de molusco mezquino. Es el mayor demente de cuantos seres pueblan la Tierra, el majestuoso adversario de su propia naturaleza desventurada: un pobre ser arrogante que mueve a la risa, al asombro y a la lágrima, y siempre digno protagonista de las más ambiciosas novelas”.

Artículo reciente en la revista Viajar

Ilustraciones Will Wilson