OJEADA AL PARAISO TERRENAL, prólogo de ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?


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OJEADA AL PARAÍSO TERRENAL, de Enrique Jardiel Poncela.
Estamos en aquella época magnifica en que el Supremo Hacedor concluye de dar los últimos toques a su Paraíso Terrenal, el Parque Zoológico más completo que ha habido. Seres de infinitas cataduras y especies circulan por los enarenados senderos.Todos los animales que hoy conocemos y miles de ellos que no conocemos en absoluto, andan de un lado para otro sin causarse daño entre sí, porque se les ha dado orden de ser formales. De vez en cuando al león (por ejemplo) le entran ganas de comerse al cordero: pero la leona, la tierna y dulce leona, está allí para impedirlo, pasándole suavemente una garra por la melena y diciéndole: — Vamos, vamos… Tranquilízate. ¿No comprendes que si te meriendas al cordero, la cordera va a sufrir horrorosamente? Además, a las doce nos traerán la comida. Son ya las once y media… Ten paciencia, querido mío…Y el león, resignado, se tumba y, como un albañil, espera a que den las doce.
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Otras veces es el mammuth, que se mete en el estanque de los patos y organiza un tumulto de aleteos y graznidos, hasta que —afeado en su proceder por los demás compañeros de pensión— se decide a salir de aquellas aguas ajenas con sus andares bamboleantes de señora gorda.
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Y otras veces es el dinaterio,  que le planta una pataza encima al galápago. ..
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Y otras veces es el mono, que trepa a la copa de un árbol llevándose  el cuello una de las chisteras que utiliza la foca para sus juegos circenses...
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Y otras veces —en fin— no son los animales, sino los ángeles —los hermosos ángeles que, espada de fuego en mano, hacen la guardia del Paraíso— los que provocan,sin querer, tal o cual incendio en la maleza con el fuego de las espadas, incendios que apagan los elefantes echando agua por sus trompas, y los bisontes galopando repetidamente sobre las brasas…
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Pero, fuera de esos pequeños incidentes, todo marcha bien en el Paraíso. En un rincón, a la sombra de un hermoso pino-para-sol, el hombre y la mujer  bostezan y trasiegan plátanos. Como viven continuamente a la intemperie, la piel de ambos es áspera, rugosa ya parece cubierta de vello; como sólo son una “materia prima de hombre” y una “materia prima de mujer” (es decir: como todavía no han sido desbastados ni refinadas por el trabajo), las formas de sus cuerpos están groseras y toscas; como aún no han gustado el arrope del placer ni el bitter del dolor, en la expresión de sus ojos no hay más que bestialidad y opacidad; como todavía no poseen noción del Bien ni del Mal, en fin,tienen cara de idiotas. ¡Oh! ¡Qué diferencia de este Adán y esta Eva legítimos y verdaderos al Adán y la Eva que —miles de años después y sin saber lo que se hacen— van a pintar Rubens y Tiziano! Los demás inquilinos del Paraíso, en todas sus escalas y órdenes, desde la lagartija hasta el ictiosaurio, desde la mariposa catagrama hasta el perisodáctilo, desde el infusorio hasta la ballena, desde el ratón hasta el diplodocus, los desprecian. Se sienten superiores al hombre y la mujer, y tienen razón en sentirse superiores, porque cada uno de ellos está totalmente formado y constituida mientras que aquel hombre y aquella mujer —en la infancia de su desarrollo espiritual— son sólo dos sombras vagas de lo que han de llegar a ser en lo porvenir y se parecen a una mujer y a un hombre futuros todo lo que un bizcocho que flota en natillas puede parecerse a un trasatlántico en ruta hacia Borneo.
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Adán y Eva no saben nada de nada. ¡Qué negra existencia la suya! Si tuvieran noción del arte, esculpirían ellos también en barro; pero el SupremoHacedor no les ha trasmitido su facultad maravillosa. Si alguien les enseñase a saltar al “paso y la uva”, saltarían al “paso y la uva”; pero nadie les enseña. Si sintieran el amor, se amarían, regañarían, se reconciliarían para volver a regañar y a reconciliarse; pero no sienten el amor aún…Hasta que un día, a Eva, se le abre la boca desmesuradamente, hace ¡aaaaaaah!…,y la cierra de nuevo.…Y desde entonces, además de comer, de beber y de tumbarse, Eva y Adán bostezan. Allá arriba, en el cielo, por encima de una nube grisácea, los mira el SupremoHacedor, y como Él sabe absolutamente todo cuanto va ocurrir en el mundo, sonríe al mirarlos y, volviéndose hacia uno de los ángeles de su Estado Mayor, murmura: —¡Y pensar que al cabo del tiempo, el fruto de lo que harán en la Tierra Adán, Eva y todos sus descendientes, será el que un tal Smith inventará la máquina de cortar jamón…!
 Ya hemos echado una ojeada al Paraíso Terrenal. ¿Qué consecuencia sacamos de ella? La siguiente:
QUE EN LOS ALBORES DE LA VIDA TERRENA, LO ÚNICO QUE SE HACÍA EN EL MUNDO ERA COMER, BEBER, TUMBARSE Y BOSTEZAR.
O, lo que es igual, que en un principio, el Universo aparecía apoyado en una sola columna. Estómago, sí…
ESTÓMAGO.
 Es decir:
NECESIDADES GROSERAS DEL CUERPO
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NUEVA OJEADA AL PARAÍSO TERRENAL
Es un día, probablemente, de agosto. Todo duerme en el Paraíso, bajo esa asfixiante campana de máquina neumática que es la canícula. Apenas si suenan leves rumores hacia el ángulo del Noroeste, el lugar más fresco del Edén y que, por serlo, se ha destinado a los animales polares, tales como el oso blanco, el pingüino, la foca, la morsa, la ballena, el zorro, el reno, el narval, la gaviota. Los rumores están justificados; allá, en el Noroeste, se protesta el clima. Ya otras veces se ha protestado del clima en el ángulo del Noroeste, y el Supremo Hacedor ha hecho instalar un sistema de duchas de agua fría, que no por  primitivo es menos eficaz; mas —por desgracia— en esta época de sequía que ahora atraviesa toda la Mesopotamia los cuatro ríos que forman la Confederación Hidrográfica del Paraíso (plan Guadalhorce), han dejado temporalmente de discurrir y ya ni el Tigris, ni el Eufrates, ni el Araxes, ni el Pares, brindan su liquido al sistema de duchas del Noroeste. El oso polar está que ruge; no suda porque su piel no se lo consiente, que sino sudaría. De vez en cuando busca consuelo al terrible calor que sufre lamiendo las cañerías de las duchas; pero esta solución no le proporciona más que un alivio momentáneo y, en cambio, le deja en las fauces un sabor insoportable a cardenillo. La foca y la morsa lloran, la una lágrimas y la otra aceite. La ballena, con el depósito de sus surtidores también agotado, abre y cierra la bocaza desesperadamente. El reno y el zorro gris gruñen de un modo lánguido. El narval, varado entre juncos, intenta nadar en vano y acompaña sus esfuerzos de recios coletazos. la gaviota tridáctila mira tristemente a la gaviota de Ross suspirando: “¿Qué aguas podríamos rizar con nuestras alas?”
solo el pingüino sufre en silencio, serio, grave y correctísimo, por que desde que le han dicho que su plumaje blanco y negro le da el aspecto de un caballero vestido de “frac”, no tiene otra idea que mantener la armonía de su figura. Y ya será bobo para “in eternum”…  En el resto del Edén, todo calla bajo un letargo profundo. Eva y Adán, siempre tumbados a la sombra del hermoso pino-para-sol, ni bostezan ni trasiegan plátanos. Adán duerme con un sueño sofocado y plomizo, y en cuanto a Eva, las manos cruzadas tras de la nuca, los riñones apoyados en el suelo, la pierna izquierda doblada y la derecha montada sobre la izquierda, balancea el pie ocioso, clava sus grandes ojos en la inmensidad de lo azul y riza el rizo con la imaginación. Reflexiona… ¡Lleva ya tanto reflexionado!… Piensa en las prohibiciones que les han sido impuestas a ella y a Adán. Desde la base de su pino-para-sol predilecto, Eva distingue, allá, a unos treinta metros, el manzano cuyos frutos no podrán tocar nunca, el manzano destinado a hacerse célebre en la historia de la Creación y de la Humanidad, el manzano de cuyo tronco pende un cartelito que dice, textualmente, en hebreo:
cartel
Eva lleva ya muchos días obsesionada con las manzanitas del manzano, preguntándose mentalmente: —Si tanto Adán como yo tenemos boca y dientes, ¿por qué no hemos de poder comer esas manzanas?Otras veces lo que se pregunta es: —Si no habíamos de poder comerlas, ¿por qué fueron creadas y puestas delante de nuestras narices? Y hasta el momento, Eva no ha logrado una respuesta satisfactoria. Con frecuencia ha querido decidirse a arrancar una manzana, y Adán la ha sujetado agarrándola por los cabellos y murmurando: —No, que no dejan. Pero en este día de agosto Adán duerme ajeno a cuanto ocurre a su alrededor, y si ella se atreviese...Se atreve. ¡Ya lo creo que se atreve! Las mujeres, como no tienen conciencia de nada, se atreven a todo. Y Eva se acerca al manzano. ¡Ah! ¡Qué emoción! Aquella emoción es tan viva y tan inédita que Eva se siente progresivamente satisfecha de su atrevimiento. Alarga una mano; un levísimo tirón, y ¡zas!: la manzana es suya. Hay historiadores que afirman que al coger la manzana, Eva estuvo jugando con ella un rato. No es cierto; lo sé de buena tinta. En cuanto la tuvo en su poder lo que hizo Eva fue hincarle el diente. Mordió, masticó, tragó por último…Y ¡oh!… ¿Qué brusco cambio notó dentro de sí? Todo lo del Paraíso tomó para ella distinto color. Se dio cuenta por primera vez de que la vegetación era prodigiosa; oyó como una suave música la brisa que se desperezaba a lo largo de tanto árbol de tan diferente género; aspiró dulcísimamente los mil perfumes que se producían en aquel maravilloso jardín y el aire, cargado de esencia de lilas, de rosas y de azahar, lleno de las emanaciones excitantes del acónito, de las adormideras, de los narcisos, de la valeriana —la cual asomaba por doquier sus hojas, como orejas de macho cabrío—, el aire, que pasaba y repasaba voluptuoso sobre los naranjos, sobre los kakhis, sobre los macizos de claveles negros, y se filtraba por entre las ramas de las acacias y sacudía los matorrales de yerbabuenay de malvavisco y se rizaba repetidamente también en torno a aquel predilecto pino-para-sol, ese aire “paradisíaco” entró como un veneno sutil y delicioso en los pulmones de Eva; todo su soberbio cuerpo desnudo pareció esponjarse; le asaltaron furias de correr, de gritar, de reír… Y nació en ella la alegría, mezclada con un deseo de llanto inexplicable.Vio entonces Eva que todo era allí hermoso: el Cielo y la Tierra. Notó entonces que el sol moldeaba con ardorosa caricia sus caderas y sus senos. Admiró por  primera vez las curvas ágiles de las gacelas, de los caballos, de los ciervos, y se dio cuenta de que el tigre era flexuoso y el león, intrépido, y la jirafa, altiva, y el toro, arrollador, y las aves, veloces, y Adán, un tío con toda la barba. Y movida por no supo nunca qué íntimo impulso, todavía con la manzana mordisqueada en la mano, Eva volvió al lado de Adán, se plegó contra él, imitando, sin pretenderlo, la flexuosidad que acaba de advertir en el tigre, y cruzó sus brazos alrededor del cuello de su compañero y lo besó largamente, profundamente en la boca. Adán se despertó. Todos hubiéramos hecho lo mismo en su caso.

 Se despertó Adán y no dijo “¿dónde estoy?”, ¿pues en qué otro lugar que no fuera el Paraíso podía estar él?, sino que indagó de Eva: —¿Qué te pasa? Eva no respondió. Volvió a besarlo. Lo besó con un beso todavía más profundo que el anterior; lo besó con un beso tan extraordinariamente profundo, que un pedacito de manzana, que ella conservaba aún en su boca, pasó a la boca de Adán.Y Adán comió aquel pedacito de “no sabía qué”.  Así fue, señores, y no de otra manera, cómo Eva le dio a Adán la manzana; se la dio como los novios se dan los bombones cuando nadie les espía; como los recién casados se dan los postres durante la luna de miel; como únicamente podía dársela, para que él —más noble, más sencillo, más respetuoso siempre que ella con las leyes— se decidiese a aceptarla. En cuanto a las consecuencias, imagino que ya las adivináis… No bien hubo probado a su vez la manzana, Adán notó dentro de sí la misma variación que había notado Eva y se vio invadido de idéntico sentimiento que a ella le invadiese. Y ahora, al recibir un tercer beso de Eva, Adán no le preguntó ya: —¿Qué te pasa? sino que susurró: — ¡Vida mía’ Y la devolvió mil por uno.¡Qué día! ¡Ah, qué día y qué noche de entusiasmo recíproco, de delirio, de frenesí’…¿Os han comprado, de niños, una bicicleta? Cuando, de niño, le compran a uno una bicicleta, no se abandona la bicicleta más que el tiempo justo para comer; y aun durante la comida se tienen los ojos clavados en el artefacto, introducido previamente en el comedor con tal objeto. Y en sueños se sigue viendo la bicicleta, y se despierta uno a medianoche para comprobar que continúa allí, y manosearla de nuevo, y de nuevo dirigirle ardientes miradas de posesión…Pues eso fue el amor para Eva y Adán: una bicicleta con dos sillines. No bien aquella manzana del Bien y del Mal les abrió los ojos a las cosas del Mundo —y les permitió ver el mundo con los ojos de los sentidos— Adán y Eva circunscribieron sus actividades a amarse, a amarse, a amarse, a amarse, entre palabras tiernas y gemidos de gozo. Eso era el Bien. Pero al amanecer del otro día, fatigados, insomnes, con los músculos relajados, el corazón de plomo, los nervios asténicos y la lengua de estopa, hartos uno de otro, ahítos del exceso, Adán y Eva se miraban ya con odioEso era el Mal. Y el Supremo Hacedor vio claramente que Eva y Adán conocían el Mal y el Bien. Esto es: que habían comido la manzana.¿Para qué daros cuenta de la expulsión del Paraíso, de aquel primer desahucio que ha registrado la Historia? Todos conocéis el argumento…Todos sabéis cómo Adán echó la culpa a Eva, y cómo Eva —inventando la trola de que el animal había hablado—, echó a su vez la culpa a la serpiente. ¿El resultado? Que la serpiente, que hasta entonces andaba a saltos, fue condenada a andar arrastrándose. Que Adán y Eva hubieron de someterse a sufrir: ella, ganando el pan con el sudor de su frente; y él, pariendo sus hijos con dolor…Bueno: al revés…Y que un ángel, señalándoles la puerta con una espada de fuego, les dijo: —Por ahí se va a la calle, niños. En fin: un desastre.

Hemos lanzado ya nuestra segunda ojeada al Paraíso Terrenal. ¿Qué consecuencia sacamos de ella? La siguiente: QUE A PARTIR DE LA DEGUSTACIÓN GRATUITA DE LA MANZANA DEL BIEN Y DEL MAL,

EN EL MUNDO EXISTÍA UN NUEVO RESORTE VITAL: EL SEXO.

O, lo que es lo mismo, que el Universo se apoyaba ya en dos columnas:
ESTÓMAGO y SEXO.
Es decir:
NECESIDADES GROSERAS DEL CUERPO NECESIDADES DEL CUERPO EN SU RELACIÓN CON EL ALMA.
OJEADA AL PERIODO POST-PARAD1SIACO
He aquí que Adán y Eva se han multiplicado prodigiosamente. Y sus hijos, y los hijos de sus hijos, y los hijos de los hijos de sus hijos pueblan la Tierra. El Supremo Hacedor ha obsequiado a la humanidad con aquel baño internacional en piscina que fue el Diluvio. Se ha inaugurado, al pie de la torre deBabel, la primera Escuela Berlitz. Ha funcionado en dos ciudades —Sodoma y Gomorra— la calefacción central. La vida se ha hecho más fácil, más cómoda y más divertida que lo era a raíz del desahucio del Paraíso. Ya han visto la luz pública importantes inventos, tales como la cama, el carro de bueyes, los platos, los pucheros, los vestidos, el arado, la barca de vela, el adulterio, las armas, la manteca, el queso, el asesinato por la espalda, el rimmel, la poesía lírica, la usura al 60 por 100 y la albarda para el 80 por 100 de los burros. Ya se conocen la noria, la máquina de tostar café, la esclavitud, el espejo, las agencias de matrimonios, los Mandamientos de la Ley de Dios, la traición, la linterna sorda, los abortivos y el juego del marro. Ya los hombres luchan, pelean, guerrean, mueren y matan por unos palmos de terreno. Ya existe la desigualdad, Y la política. Y la diversidad de religiones. Y el impuesto de inquilinato. Pero aún no se ha inventado lo que verdaderamente va a revolucionar el mundo…Hasta que un día cierto patriarca se queda un rato pensativo.¿En qué piensa? Piensa en las dificultades comerciales. Hasta el presente la humanidad ha vivido cambiando unas cosas por otras con arreglo a las necesidades del momento, recibiendo un par de huevos frescos por un látigo; tres gallinas por una túnica; una hija por dos rebaños de cabras… Y el patriarca calcula que, dado el gran y universal valor que tiene el oro, dado el entusiasmo con que todo el mundo recibe este metal cuando se lo entregan en un cambio, acaso simplifique la vida no cambiar unas cosas por otras, sino cambiarlas todas por ese oro tan apreciado…Y el patriarca corta unas barras de oro en redondelitos. Y extiende la invención. Y ve que el éxito le acompaña. Y ya no vuelve a cambiar una hija por dos rebaños de cabras: ahora cambia sus hijas por media docena de redondelitos…(Como harán miles de años después, en pleno siglo XX, con sus hijas muchos otros patriarcas.)A partir de esa invención del patriarca pensativo, los redondelitos de oro animan el Universo con una nueva fiebre. Se sufren, por lograrlos, humillaciones y trabajos sin número. Se engaña, se traiciona, se muere, se mata, se asesina por ellos. En suma: el nombre comienza a hacer tales bestialidades, tales suciedades, tales vilezas, que alcanza su periodo esplendoroso de desarrollo humano.

Hemos lanzado ya nuestra ojeada al período post-paradisíaco.¿Qué consecuencia sacamos de ella? La siguiente: QUE A PARTIR DEL INVENTO DEL PATRIARCA PENSATIVO, EN EL MUNDO EXISTÍA UN NUEVO RESORTE VITAL: EL DINERO.

O, lo que es lo mismo, que el Universo se apoyaba ya en tres columnas:
ESTÓMAGO, SEXO y DINERO.
Es decir: NECECIDADES DEL CUERPO, NECESIDADES DEL CUERPO EN SU RELACIÓN CON EL ALMA Y PODER POSEEDOR-DOMINADOR ABSOLUTO.
Si os apetece leer la novela, podéis hacerlo aquí. Aunque en papel mola más…