Historia de un Oso. Oscar 2016 Corto animado


historiadeunoso

«Tiene que ver con el exilio de mi abuelo. Se tuvo que ir a Inglaterra en 1975, antes había estado dos años en prisión», relata Grabiel Osorio.

Leopoldo Osorio – militante del Partido Socialista, concejal de la comuna de Maipú y secretario del derrocado presidente Salvador Allende- fue detenido en 1973, con la llegada del régimen militar de Augusto Pinochet.

Tras la cárcel y una estadía en México, recaló en Reino Unido donde vivió exiliado diez años. Se volvió un abuelo «vivo, pero invisible».

«Yo no entendía muy bien qué era esto de la política que le impedía estar con la familia. Fue una cosa muy tremenda, porque por un hecho político, ajeno, mi familia quedó desmembrada. Ese es el mensaje que quise trasmitir con el cortometraje, de algún modo. Que no hay nada que valga para separar a una familia», apunta Osorio, que a los 8 años finalmente conoció al abuelo.

El circo con sus jaulas

Así, la nominada cinta es una condensada historia de la violencia del régimen militar pinochetista, en 10 minutos. Una metáfora de lo que vivieron los presos políticos, exiliados y desaparecidos entre los tempranos años 70 y 1990.

Y como la historia misma, la película deja preguntas sin responder: nunca sabemos si el oso artesano, ya anciano, alguna vez rearmó su vida. O si se reencontró con su familia. ¿Qué fue de la osa y su osezno?

 

Fuente: BBC Mundo

“Cómo matar al intermediario, limpiar la escena del crimen y encontrar una coartada creíble”


«renuncio a todo lo molesto y a todo lo incordioso y a todo lo burocrático y a todo lo extremadamente sigloveinte de mi oficio. Le digo chau, feliz de la vida y sin rencor, a los intermediarios que me obstaculizan la charla con los lectores. Chau publicidad, que te recorta la palabra; hasta nunca burocracia, que te distribuye mal y pronto; adiós y buena suerte ideología, que te despierta por la noche»

Poco después de despedirse de varias editoriales y periódicos con 1.400 palabras libres en su blog Hernán Casciari, junto a un grupo de amigos, ilustradores y escritores, crearon Orsai, una publicación cultural financiada por los lectores y sin publicidad, queriendo demostrar con ello  que la crisis de la industria no es económica, sino moral.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Internet llegó, hace un tiempo, para unirnos, para decirnos que se pueden hacer cosas juntos, sobre todo en la cultura que es la base fundamental de la complejidad de la mente”, asegura Hernán. “Estoy seguro que la industria de la cultura somos los autores y los lectores y nadie más; la otra industria, la que le teme a los cambios, la que intenta hacernos creer que internet es un lastre, la que rasguña y la que daña, se está muriendo, y la vamos a ver morir”..

La revista es muy, muy golosa. Se pueden ver los 4 números editados en formato virtual. Yo, después de darle un primer repaso rápido, me he quedado con unas tremendas ganas de verlas en detalle y lo voy a hacer.

Además si tenéis interés en apoyar el proyecto para siga funcionando y creciendo, podéis apretar en el botón sin terror.

Vía: Camino a Cagitán

MaGGie TayloR y el jardín botánico


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A este blog le han «condecorado» con el premio de Blog con Corazón, “porque es como una ventana a un número infinito de mundos nuevos y sorprendentes”. Los premios son como todo, tienen la importancia que uno quiera darles. En este caso para mí tiene mucha viniendo de quien viene. Después de 80 comentarios chisporroteantes en esta casica, la he cojido cariño, una no es de piedra…es más podría nombrarla sin equivocarme «comentarista más antigua y fiel de Klimtbalan!

No voy a hablar de ella, sólo tenéis que visitarla para saber cómo es. Quiero regalarle estas ilustraciones de Maggie Taylor sobre Alicia en el Pais de las Maravillas decoradas con el principio de un cuento que ella escribió. Gracias Estatua.

LA MALA ROSA

“Érase una vez, en los confines del mundo, un país gobernado por una reina muy muy sabia. Cuando era pequeña, sólo una más entre tantas y tantas princesas, su padre le enseñó el amanecer y la puesta de sol, la jara y el barrueco, la rivera y la tierra yerma. Cuando creyó podía valerse por sí misma, decidió dejar el palacio y buscar por el mundo el lugar donde se unen los extremos, el abismo en el que se separan, el frío en el que se odian y el calor en el que se aman. Así su corazón se convirtió en anhelo del término medio, siempre en su busca, temiendo su huida, venerando su fragilidad. Y de su inquietud nació su sabiduría.

Aquella reina tuvo una hija a la quería mucho mucho, tanto tanto, mucho más que tanto. Dedicaba lo mejor de su tiempo a caminar con su pequeña por los páramos que su padre le mostró. Le hablaba del fiel de la balanza, de la felicidad que nace al contemplar el cielo, de la dulce agonía que emana de actuar en la tierra. Le habló del amor, del dolor, de la alegría, de la tristeza… en su manera amable y prudente. La princesa creció escuchando, mezclando blancos y negros, derivando toda la gama de los grises, intentando amar la belleza de los ocres, tal y como su madre hacía. «Busca los matices, pequeña, mezcla los colores, ensaya nuevas formas de fragmentar la luz«.

Pero esta infatigable búsqueda en nada cambiaba el rojo de sus labios ni el rosado de sus mejillas, el oliva de sus ojos o el negro de su pelo. Como tampoco se enturbiaba el pulcro blanco de sus intenciones ni el claro azul de su horizonte. La princesa era, sin lugar a dudas, perfecta y transparente, una rosa sin sombra de sangre. Inmóvil e inmutable en su belleza y su bondad, la joven era reclamo de muchos y muchas que buscaban su compañía y admiraban su cristalina presencia. Tranquila y serena, la princesa decidió un día, en su laboratorio de colores, ser para siempre reflejo de sí, espejo en el que los demás buscaran consuelo, tono simple sin matices al que mirar sin posibilidad de contestación alguna, ni siquiera por su parte. No cambiaría, no mezclaría. Todo estaba bien como estaba: los otros la querían como era, les gustaba mirarla sin más, acompañarla sin esfuerzo alguno. No era necesario buscar….

Si queréis leerlo completo pasaros por su casa, para mí merece la pena!!

Quisquilia and Pinzillacchera


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Simona y Elena se unen en un deseo común de crear un equilibrio entre la tradición y una libertad ilimitada en formas colores y sensaciones. La colaboración entre la acrobacia de las agujas, hilos, alfileres y mucho más, creando así una «poética textil».

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Sus creaciones son exclusivamente hechas a mano, piezas únicas incluyendo títeres, marionetas, muñecas, sombreros, discos, accesorios y mucho más …Categorías que se funden, siendo los márgenes entre ellas difícil de encontrar.

marioneta14Utilizando como material protagonista la tela, pero una vez más combinados con muchos otros materiales …fieltro, cuero, madera, etc..dependiendo los ingredientes utilizados de lo que necesiten para hacer realidad la idea.

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No recomendado para un sector del público con miedo a los muñecos!!!

Para el resto muy recomentable su espacio

Lucie


enbarlucie

Me estoy acostumbrando a los «videos animados» en domingo, y como no me parece un mal hábito…

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

…aquí os dejo una preciosidad que encontré por azar, como casi todo por aquí.
Que la disfrutéis!

Os dejo el original para miopes.

espejolucie

caLceta en las calleS o «urban knitting»


abbolgrande

Carol Hummel es la autora de la bufanda o abrigo de este árbol acogedor que describe como:   (y aquí copio y pego traducción automática de Google)

“un objeto natural que representa la masculinidad y la fuerza-cubierto con un punto acogedor – una manta trabajada a mano que representan la feminidad y comodidad. En el nivel más evidente, es una pieza de ropa, personifying el árbol y mantenerlo acogedor y colorido durante todo el año, el aumento de la belleza de la naturaleza.

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«Por otra parte, los colores brillantes de punto acogedor envuelve el árbol en personal y cultural nostalgia evocando los recuerdos de tiempos pasados y lugares cuando la vida era buena. En otro nivel, el acogedor suaviza la forma del árbol fuerte y al mismo tiempo haciendo hincapié en él. Es al mismo tiempo acaricia y encierra el árbol. El acogedor que cubre el árbol fluctúa entre reconfortante manta y asfixiante de cubrir, sino que oculta tanto como protege, sino que oculta tanto como revela».

hilos mexico

Los demás trabajos son de diferentes artistas que encontré a través del blog Deputydog

agua

conseta

Lo definen como una forma de grafitti inofensivo…

rosas bus

gris

azul

 

ilustraciones para bajitos con sueños


Tengo debilidad por la ilustración infantil, una vez ilustré un cuento que escribió una amiga “el granero de miguel”. No tenía colores, sólo el dibujo hecho con un rotulador negro. Quizá por eso luego deseé durante mucho tiempo ilustrar cuentos a color, pero no encontré el camino para llegar a hacerlo. Me fui por otros derroteros y ahora me quedo ensimismada con los dibujos de los demás.

El cuento lo editamos artesanalmente y lo regalamos con esta nota “para todos nuestros amigos, da igual el tamaño”. Todavía anda por los cajones…

He puesto por aquí algunas dibujos de los ilustradores de cuento que he enlazado, de momento…

tRaficante de miRadaS


Escucha Candombito de Kevin Johansen

Me topé con este sencillo y bonito lugar de pequeñas historias contadas desde Argentina e ilustradas con originalidad.  Pensé que era un lujo  invitaros a echar un ratito agradable en su interior.

 

 

TRAFICANTE DE MIRADAS

Fue así como a los ocho años, Ramiro experimentó su capacidad para convocar miradas…Su mirada furtiva acechaba a la presa que siempre cedía, rotaba su cabeza y lo observaba..

Con el transcurso de los años, Ramiro se convirtió en un gran domador de miradas. Podía doblegar las trayectorias retinianas y entreverarlas a voluntad…

Miradas mezquinas y poco profundas. Miradas sumisas, miradas rebeldes, son la arcilla que moldea…Los malos, los buenos; los felices, los desdichados; los artistas, los estadistas; todos adolecen de alguna desidia visual…

puedes leerlo entero..

Y se lo dedico a mi amigo que todo lo ve… Alcaudoncillo

 

TieRRa X meDio


Mañana salgo de viaje a lugares que nunca he visto. Distintos paisajes, distintos olores, distintas culturas, distintas gentes…en fin, hay que irse…

«Hay que irse de vez en cuando, aunque sólo sea unos pocos días, el tiempo preciso para respirar de otro modo, para mirar otra luz y escuchar otras voces. No hace falta viajar a lugares remotos, ni intentar perderse en paraísos tropicales con lujo de postal. Ni siquiera es preciso irse para mucho tiempo. Basta irse unos días,  encontrarse al anochecer en un tren nocturno, adormecerse con sus golpes rítmicos sobre las vías y encontrar en la ventanilla, al abrir los ojos unas horas más tarde, un paisaje que parece la prolongación del sueño, una tierra distinta en la que está amaneciendo y donde los colores tienen con la primera luz del día un esfumado de distancia, de velocidad y de niebla.

Horas antes de salir, ya se ha apoderado de nosotros la emoción y el dinamismo del viaje, que es como un imán del porvenir, y nos parece que nos movemos por la casa o por la calle de siempre con una ligereza que nos distingue de antemano de quienes van a quedarse, lentos vecinos sedentarios que ni siquiera nos envidian. La última noche antes de la partida suele ser una noche de insomnio: el alma, la imaginación ya han emprendido el viaje, pero las horas siguen conservando la lentitud de los días normales, y el cuerpo cumple con desgana obstinada sus tareas de siempre, los automatismos y astucias que mañana ya no le servirán, porque los interruptores de la luz no estarán donde los busquen las manos, y ni el camino hacia el cuarto de baño ni la orientación de las ventanas se corresponderán con la geografía conocida de las cosas».

 

Texto recogido de «Antonio Muñoz Molina»

Fotografías de «Rosa Basurto»

Música de Silvio Rodríguez

El día feliz que está llegando

aGua con cOlOr


Yo soy esta muñeca, muñeca de trapo, dejada caer en un lugar cualquiera, con la mirada absorta, vestida con telas estampadas y rellena con trapos de colores, de todos los colores; llevo verdes tranquilos, naranjas ácidos y con chispa, azules fríos y secos, amarillos brillantes que a veces deslumbran, rojos cálidos y tiernos, blancos amables y sin malicia, negros opacos y clandestinos.  No me gustaría tener grises, pero los tengo, confusos, indecisos, como nubes de vapor que me nublan entera y me paralizan. Me pierdo en el gris.

 

Pero hay momentos en que no me veo, ni me distingo, no tengo color,  incolora como una gota de agua, y creo formar parte de la que llena un gran barreño de colores vivos,  colores que yo no puedo ver…y me voy hundiendo. A veces aparece una mano amiga, formando un cuenco, a recogerme y me levanta, me mantiene, pero me escurro entre sus dedos y caigo. Otras veces aparecen niñas que me recogen con cuidado en un cacito para jugar, pero envueltas en sus juegos me olvidan y  me evaporo. Vuelvo a mi barreño. Incluso un hombre me llama en ocasiones desde el borde para enseñarme los colores del plástico y sopla para acercarme a la orilla, descubre entonces que puede silbar y se va con su música a otra parte.

Es cuando decido llegar a la orilla por mis propios medios, y utilizo la risa para vibrar, me río, me río del gris, me río de mí y con esta danza consigo llegar a la orilla y empiezo a ver los colores y me río aún más, hasta que puedo escalar por sus paredes y llegar arriba para asomarme a lo que para mí es un abismo. Pero lo que veo a mi alrededor me sorprende, cantidades de barreños, todos con sus gotas de agua indecisa y triste, con miedo;  pero no!, no es agua!, son litros de lágrimas, la gota es una lágrima espesa y densa que apenas puede moverse, ni reirse, no puede llegar a la orilla ni ver los colores.

 

 

Y yo no quería ser una gota de agua transparente, agua dulce, cuando hay gotas de lágrimas en aguas turbias, aguas amargas.

Me vuelvo a mi muñeca de trapo con colores vivos.

 Marionetas: Marina Seoane

 

 

 

 

 

 

 

cuanDo la cásCara enVejece


Articuento de Juan José Millás

Ánimo


Tomo notas, indistintamente, con un bolígrafo o con un lápiz colocados junto al ordenador, sobre un cuaderno escolar, de rayas. Al lápiz hay que sacarle punta de vez en cuando, lo que constituye una actividad artesanal que sirve también para la reflexión. Pero la diferencia más notable entre él y el bolígrafo es su modo de perecer. El bolígrafo no cambia de apariencia ni siquiera cuando se encuentra en las últimas. Y deja un cadáver tan curioso que nadie diría que está muerto si no fuera porque no pinta nada ya, aunque resucite a veces de improviso y trace un par de líneas, incluso un párrafo, antes de volver a expirar. La gente se resiste a desprenderse de los bolígrafos vacíos porque continúan como nuevos. Sólo se consumen por dentro, en fin, y siempre se acaban a traición, como el butano. El lápiz, en cambio, agoniza por dentro y por fuera a la vez, y deja un cadáver mínimo, un detrito del que uno se deshace sin ningún sentimiento de culpa. Punto y aparte.


La naturaleza presenta casos semejantes al del bolígrafo. Ahí está el caracol, que envejece sin una sola arruga exterior, sin un fruncido. Y no hay que sacarle punta cada poco: él mismo, mientras vive, asoma los cuernos al sol, caracol quiscol, y una vez muerto, si te encuentras la concha en un tiesto o en el agujero de un árbol, la guardas en el bolsillo y al llegar a casa la colocas junto a los bolígrafos difuntos. Tenemos una pasión curiosa por la cáscara, de ahí la afición a las cajas, sobre todo a las cajas fuertes. Hay personas que coleccionan pastilleros vacíos, que viene a ser lo mismo que guardar bolígrafos sin tinta, con los que sólo se pueden escribir poemas inexistentes, que muchas veces son los mejores.
Pese a todo, tal vez sea más digna la actitud existencial del lápiz que la del bolígrafo, la de la babosa que la del caracol, aunque no dejen cáscara para los arqueólogos. Conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida. Pero eso constituye un ejercicio de conciencia, y quizá de consciencia, bastante saludable.

Ánimo.
 

mys ZapatyLLas i LLo


Tengo que agradecer a mis zapatillas lo que hacen por mí cada día. Cuando me encuentro en ese estado de inconsciencia voluntaria e inevitable, entre la nada y el silencio. Cuando a traición y por mi orden previa, en medio de la noche, escucho un estruendo aterrador que pretende ser melodía pero que nunca lo consigue,  que me traslada desde la tranquilidad del sueño a la incredulidad del espacio, es entonces cuando intento poner algo de orden en mi cerebro.

Me interesa súbitamente en qué día de la semana me despierto, si el viernes está aún lejano. Entre mis intentos de evasión existe el absurdo de hundir la cabeza bajo la almohada y enfermar de repente. Maquinaciones varias y variadas para seguir incrustada en el colchón de viscolástica y no ir a trabajar.
Mi mente, en un intento de adaptación, dibuja el rutinario camino hasta el edificio de cristal que me engulle tras haber recorrido 40 km., enlatada y envuelta en otras latas que amenazan a la mía por encontrar un hueco sobre el asfalto en medio de esa maraña…como tooooodos los días.

Busco consuelo pensando en la siesta que me voy marcar cuando vuelva del trabajo, aunque casi nunca lo consigo,  pero esto es lo que me da el ánimo suficiente para empezar a moverme y pasar poco a poco a la verticalidad, con un primer movimiento que consiste en asomarme desde el borde de la cama a buscar mis zapatillas, allá, al fondo del abismo que va desde ésta al suelo, y sí, allí están esperándome. Son mis zapatillas!!!

Entonces mis pies, ya aprendido el movimiento, se dirigen a ellas, y sin fallar, aun sin verlas, se sumergen en su calor y suavidad. Y es a partir de ahí cuando se hacen cargo de mi mente, me llevan al baño, desde allí los siguientes pasos hasta la cafetera, la nevera, las galletas, la cuchara, el azúcar…y ordenan a mi cerebro todos los movimientos cotidianos que hacen posible que yo vaya asumiendo la realidad. No sé que tipo de conexión o complot tienen contra mi voluntad pero tengo que agradecer lo que hacen por mí, es por eso que las cuido y cada noche las coloco a mi lado cerca de la cama y allí me esperan sin moverse, pacientes, en silencio.

Ahora, hace unos días, como objetos de invierno que son, han decidio darse un baño y ya aseadas y limpias, meterse en una cajita a hibernar, no sin antes dejar en su lugar unas chanclas que me lo han puesto muy difícil, pues las únicas ondas que emiten y que yo soy capaz de percibir forman una sóla palabra VACACIONES.

ochenta minutos o más de coche diarios dan para pensar muchas tonterías, jeje