5 comentarios en “Jc DeLaLande. La vida con saRcasmo

  1. Una excursión por el mundo de Monsieur Delalande es una exploración del mundo gris del clasemediano típico. La nave es de lujo porque las fotos son estupendas, irónicas, sardónicas y …en ciertos momentos, tiernas. Casi como en la vida real, cuando luego de hacer una larga fila en la oficina del gobierno donde expiden los permisos para defecar, consumir oxígeno y beber agua, llegas a la ventanilla y te encuentras,no con el funcionario de tus pesadillas, sino con una rubia despampanante de tetas glamorosas y breve vestimenta que te atiende con cortesía y te ofrece un caramelo para endulzar el dia. Claro que tú no sabes que los caramelos han estado sumergidos en una solución de psilocibina fuerte durante todo un mes y están más que listos para hacerte volar al país donde los relojes marcan la temperatura y las enfermeras se acuestan para que tu les hagas el exámen como te plazca. Por eso, desaprensivamente acoges el pirulí con entusiasmo y hasta le pides otro que ella, compasiva, te niega aduciendo que anda escasa de caramelos y te sonríe mientras coloca el sello adecuado sobre tu papel sagrado de respirar y cagar. Te marchas por el mundo de Monsieur Delalande chupando el delicoso caramelillo y empiezas a notar que puedes ver los pensamientos de la gente, sus deseos egoístas y te dan náuseas. Ya no chupas más caramelo porque te sientes muy sensible, pero a la vez amoroso. Afortunadamente todos tus bloqueos e inhibiciones ayudan a evitar un embarazozo momento en el ascensor cuando cierto impulso intimo te lleva a mirar a un desconocido muy bien parecido con una atención notoria y de pronto te encuentras enfrascado en una lucha interior y súbitamente abandonas el ascensor en cualquier piso para no caer en tentación, amén. El piso es extraño, con paredes de color rojo y oficinas con el mismo marbete en las puertas: Monsieur Delalande y abajo un ilegible subtítulo. Hasta el baño le pertenece. Lo averiguaste porque al entrar en el has visto al tipo pequeño y calvo en bata levantadora y una mujer de mediana edad, medianamente atractiva y además medio desnuda. Los dos ceñudos, rutinarios, metidos en algún asunto doméstico inexplicablemente familiar y reconocible.
    Te largas de allí volando, literalmente, y vuelves a chupar el pirulí (caramelo) con renovados bríos.
    Durante un rato deambulas de oficina en oficina y en todas está Monsieur Delalande con su esposa, vestidos, desnudos, medio vestidos, siempre serios , algo solemnes y más tristes que contentos pero en general aburridos. Te llama la atención que las oficinas por dentro son en blanco y negro y los corredores en rojo salvaje. También Monsieur et madam están grises. Comienzas a dudar si este de allí es Monsieur Delalande o es tu tio Eduardo con tu tia Eufemia o a veces son tus vecinos y dale a chupar pirulí.
    Que tremendo recorrido por los dominios del francés. Te enteras de muchas cosas al deambular por allí y no porque alguien te lo cuente: eres tú el que se auto-narra las historias y en cada una te montas en una nube y te dejas llevar por el impulso. Finalmente abandonas el edifico y te subes al transporte público. A ratos cierras los ojos y sueñas con nubes. Cuando llegas a casa te encuentras con la sorpresa de que tu mujer está en la recámara jugando con el hijo de los vecinos , un nené de unos dieciocho años de muy buen ver. Juegan a las luchas y juegan desnudos. Ni se dan cuenta que has llegado y tu te sientes un poco como Monsieur Delalande, en un mundo absurdo que no te ve ni te respeta. Eres invisible pero no inodoro. Te marchas al café de la esquina donde por unos pocos pesos puedes recobrar tu corporalidad, al menos mientras ordenas.

  2. Las escenas son totalmente reales. Al verlas detenidas en el tiempo es cuando percibimos ese lado absurdo, irónico y la tristeza de esa soledad que en muchas ocasiones sufrimos a pesar de no estar solos. Vidas unidas a personas tan cercanas como ajenas y distantes
    Delalande nos muestra la vida como un conjunto de escenas de teatro, donde de vez de cuando nos dan caramelos para babear.
    Deliciosos por cierto…

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