Roy Nachum. cuando los eLefantes sueñan


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Un-Limit

“A primera vista, las pinturas de Roy Nachum se puede confundir fácilmente con el arte digital. Sin embargo, sus obras son en realidad pinturas al óleo sobre lienzo que se pintan de un modo que estimula al espectador a investigar más a fondo. Nachum crea sus imágenes mediante la utilización de la idea de píxeles. Cada ‘pixel’ está pintado uno por uno. El resultado final es una pintura que se reúne en una forma única. Nahum describe esto como la creación de micro mundos que se unen para formar el patrón de una sola realidad o de un sueño. Las obras son parte de sus recuerdos y sus sueños, así como la lectura binaria de elementos reales e irreales”.

Roy nacido en noviembre de 1979 y criado en Jerusalén, Israel, comenzó su carrera a una edad muy joven. Desde niño amaba el arte y dado su obvio talento y la creatividad, fue recomendado para una clase de adultos, que aumentó e hizo hincapié en su potencial latente. Nachum siempre ha destacado “con su pasión por la belleza y la simplicidad en el mundo. Vendió su primer cuadro a un coleccionista de arte israelí a la edad de 16 años. Era un graduado sobresaliente de Bezalel, la academia de arte y diseño en Israel, y fue seleccionado para completar su maestría en la prestigiosa Academia de la Cooper Union de Nueva York.

DesoLación de voLveR. a la Úbeda de MuñoZ MoLina


La primera vez que vi lo que habían hecho con esa plaza que era el corazón de mi ciudad se me puso en la garganta un nudo de congoja. Ahora vuelvo y la miro y la costumbre no mitiga el escándalo. Con la lógica peculiar de la renovación urbana, se ha considerado que en una ciudad donde hay varios meses de calores saharianos su plaza central no necesita árboles, salvo un par de naranjos escuálidos que difícilmente pueden prosperar en los inviernos mesetarios. A mediodía, desde mi esquina a la sombra, alzando los ojos del periódico, veo a la gente que se atreve a cruzar la plaza arriesgándose a un síncope, buscando a toda prisa el alivio de los soportales. Aparte de sus ventajas estéticas, el aparcamiento tiene la virtud práctica de atraer más tráfico hacia el centro de la ciudad, atascando las calles estrechas que llevan a él, algunas de las cuales están además levantadas gracias a la misma catástrofe de obras en gran medida innecesarias que azota al país entero. Algunos de los coches que hacen cola para entrar en el aparcamiento llevan las ventanillas abiertas y emiten a volumen sísmico una música de discoteca al parecer muy del agrado de los policías municipales que pastorean el tráfico.

En las noches calurosas, con los balcones abiertos, la música de los coches, los rugidos de las motos y la algarabía alcohólica del botellón animan las plazuelas y los callejones de mi barrio de San Lorenzo, que de otro modo estarían sumidas en un anticuado silencio. Iglesias y palacios se van hundiendo literalmente en el abandono mientras se tiran ríos de dinero cambiando sin ninguna necesidad antiguos pavimentos enlosados o empedrados por groseros baldosones de terrazo. Vuelvo a la hermosa plaza de Santa María y no puedo cruzar su limpia perspectiva porque está entera convertida en una zanja. Un amigo que vive en la ciudad me cuenta que los trabajadores, como no disponen de instalaciones con aseos, usan como urinario la fachada de la iglesia del Salvador.

En el curso de una generación se ha destruido para siempre lo que tardó siglos en hacerse. Lo que se está robando a quienes vengan detrás no es una memoria sentimental y un paisaje urbano que fue único, sino también una forma de disfrute de la vida y de prosperidad. Donde hubo perspectivas de huertas y de casas blancas que llamaban desde los caminos lejanos ahora hay bloques horrendos que se amontonan los unos sobre los otros para mayor beneficio de los constructores. Viajando por Europa uno descubre con envidia cómo en pueblos pequeños y en ciudades provinciales el cuidado en la preservación de lo más valioso del legado del tiempo es perfectamente compatible con el progreso tecnológico y tiene la ventaja práctica de hacer la vida más gustosa y crear una duradera riqueza: en España se empieza por arrasarlo todo. Cuanto más se alimentaban los orgullos locales y las lealtades vernáculas a lo largo de los últimos treinta años más impunemente se han destruido los paisajes. El orgullo local separado de la conciencia cívica es paletería, igual que el patriotismo sin ciudadanía es fanatismo. Se inventan pasados y se alimentan nostalgias rústicas al mismo tiempo que se impone la ignorancia y se borran las huellas del pasado verdadero, el que habría sido tan fértil para mejorar el porvenir.

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Desolación de volver

ANTONIO MUÑOZ MOLINA. BaBeLia