Le toca el turno a mi padre

Como ya viene a ser tradición, aquí os dejo otro de los varios y desvariados relatos de Pedro, ese señor murciano de nariz aguileña que dice ser, y no me cabe la menor duda, mi padre.  Las ilustraciones y fotografías que he elegido para el texto son de Alessandro Bavari,

Lo que a continuación voy a escribir, es la historia de una niña. Cuando ésta sea leída, si comprenden que no tiene sentido algo de lo narrado, ruego sepan disculparme, ya que no soy escritor, sino simplemente un aficionado, por cuyo motivo todo lo que plasmo es producto de mi calenturienta mente.

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La vida de esta niña fue tan breve, que un relámpago podría contarla, pero voy a extenderme un poco con el fin de relatar todo lo sucedido.

PASTORA

Nació pobre, en una casa de familia humilde. Apenas fue mayorcita para poderle confiar alguna tarea,  sus padres la enviaron lejos, a la cima de un monte, con una familia que cuidaba un gran terreno, y allí pasó todos los años que le quedaban por vivir.
Su trabajo consistía en cuidar ovejas y cabras, nada más, y esto era un sufrimiento para ella. Se levantaba antes de que naciera un nuevo día, daba igual que lloviese o nevase. En el zurrón le echaban un trozo de pan y un poco de tocino o bacalao y con eso debía alimentarse hasta el ocaso.
El viento de las alturas, el miedo a la soledad, la fatiga de las cuestas empinadas y las zarzas malas, el regreso triste en la oscuridad; todo le parecía tristeza y sacrificio.

gansos

Fue creciendo, todos los que la conocían pensaban que llegaría a ser una hermosa mujer. Pero ella no podía contemplarse en un espejo, ya que carecía del mismo. Su bello rostro se lo contemplaba en los espejos de las aguas y de los charcos que quedaban en los campos después de las lluvias. Sus únicas joyas eran las flores. De las mismas se hacía brazaletes y se los ponía en sus muñecas, al cuello como gargantillas y alrededor de la cabeza como coronas.

danza

Ninguna música le consolaba el corazón, excepto el canto de los pájaros, y sin embargo le parecía padecer. Soñaba fortunas lejanas e imposibles, fugas al mundo, revanchas contra su suerte.

En invierno había fiestas en la casa, pero ella se sentaba junto al fuego absorta y encantada, y las danzas más alegres le parecían lamentos de almas perdidas, lamentos de cautivos y casi recrudecían su precoz tristeza.

Con el paso del tiempo, ella misma se dio cuenta de que aquellos años pudieron ser felices. Y sólo ahora reconocía que había sido inmensamente feliz.

grito

Recordaba algunas alboradas límpidas y frías, todas vibrantes de rocío y de gotas, con una luz inocente y poderosa que hacía preciosos hasta los guijarros de los caminos y los troncos expoliados. Recordaba algunos ocasos divinos de otoño a través de los castaños solemnes y de las rocas blancas frente a un cielo que, desde el rosa encendido se desvanecía en el verde desmayado; y las montañas vecinas, altas y negras, parecían orladas de oro viejo.

-¡Recuerdo las praderas floridas rojas, verdes y amarillas, de blancos y azules bajo el claro sol de junio!-se decía a sí misma.

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Recordaba las oraciones y las canciones cantadas por ella en competencia con los vientos sobre las colinas soleadas, los regresos alegres de la misa, el saludo de la luna nueva en las noches cálidas, los saltos de los corderillos destetados, las procesiones de primavera entre el olor de las retamas.

Fué feliz sin saberlo, porque no había sabido serlo….

Demasiado tarde apreció estos placeres, pues pronto una enfermedad le dio muerte. Murió sola sin haber conocido el pecado, ni apreciado la felicidad.

oveja

14 Comments

  1. triste historia, felicidades al escritor.
    Me encanta pasar por aqui, las ilustraciones que pones son una delicia…

    feliz todo. un beso
    (gracias por tus palabras)

  2. Felicidades al autor.

    Pero me atrevo a pedir para el siguiente un protagonista que haya conocido el pecado y que haya apreciado la felicidad.

    Un abrazo.

  3. Una preciosa y a la vez triste historia, ella no pudo apreciar la felicidad, y nosotros que podemos, ¿porque no nos paramos unos segundos para apreciarla?. Muchas felicidades para tu padre y a ti por mostrarla con estas ilustraciones y compartirla. Un abrazo para los dos.

  4. Una vez más gracias en nombre de mi padre, Pedro. Sois su único público, sus únicos lectores y sus únicos admiradores, entre los que me incluyo, claro! Y esto a sus 84 añitos es muy reconfortante, aunque no termine de entender qué es esto de interné.
    Personalmente me emociona muchísimo todo lo que comentáis sobre él, incluso sólo el hecho de que dediquéis una fracción de vuestro tiempo a leer lo que escribe.
    Nh.adira, no coy a poder satisfacer tus deseos, mi señor padre es así…todo en la misma tónica. Para echar unas risas con él mejor conocerle. En las conversaciones es un “cachondo mental”, paradojícamente.
    Celebes, te refieres al libro?
    Ernesto estoy contigo, a pasar de lo triste de su contenido, nos invita a reflexionar sobre la apreciación de lo bello de la vida.
    Como dice Tito, Sr. Pedro es usté un Crack!!

  5. Tal vez a su manera estaria escribiendo una parte de su existencia. Creo conocerle un poquito……………….es tambien mi padre.

  6. precioso cuento, aunque sea triste, triste es la vida si no llegamos a apreciarla, un placer venir siempre por este sitio, tan acojedor, lleno de fantasía y color…un beso muy grande a tu papá, que es un artista…y a ti..por las ilustraciones tan hermosas que pones en este rinconcito tan tuyo y tan especial….

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