Dolores Canteras Millán. Siempre


Mi madre es el SIEMPRE, aunque nunca volveré a verla, es el SIEMPRE.

Ella SIEMPRE estaba. Ante cualquier circunstancia, mi madre estaba.

Para arroparme, SIEMPRE estaba. Amanecía y ella estaba.

Pronunciabas su nombre y estaba.

Sus manos limpias, su cálido abrazo, su regazo con ese olor a tierra SIEMPRE firme.

No existía el peligro, porque ella SIEMPRE estaba.

Apasionada de sus hijos, su vida cambió cuando a su lado dejamos de estar SIEMPRE.

Vivo convencida de que su interés por la vida dejó de ser, y se convirtió en un estar inanimado. En un dejar pasar, hasta qué…

Su mente se fue difuminando en un gris de distintos tonos; con pinceladas cálidas a veces, cuando te podía reconocer y repetía tu nombre con sílabas opacas, mientras arrullaba una pequeña muñeca.

O le nacía un inesperado “¿qué te pasa hija mía?” cuando percibía, ante tu asombro, ese estado de inevitable tristeza en el que te encontrabas a su lado, sintiéndote esa muñeca en sus brazos.

Otras veces te recibía, nunca te esperaba, con un gris oscuro y frío con el que te ignoraba, mirándote en neutro. O te convertías en algo que le era molesto en su escapada hacia un nuevo lugar desconocido, pero deseado.

Hasta que su cuerpo aburrido ya,  sin su mente y sin recuerdos, se alejara para SIEMPRE y para NUNCA.

Y lo hizo indudablemente con los deberes bien hechos, de sobresaliente. Y con la ilusión de encontrar en el lugar donde iba a todas aquellas personas que fueron importantes para ella en algún momento de su vida y a las que ella recordó SIEMPRE.

Conseguiste esperarnos Dolores, para no estar sola en ese desconocido paso que va desde la luz a la oscuridad, del sonido al silencio, del sentir al sin sentido. Y así, acariciándote esas incansables manos, te hicimos más dulce el sueño.

En ese momento nos dejaste todo lo que fuiste y ERES en nuestras vidas enmarcado para SIEMPRE, decorando esas paredes transparentes que nos envuelven, hasta llevarnos hacia tu misma despedida.

Nuestro abrazo indescriptible mamá.

Este homenaje a mi madre, se lo dedico especialmente a mi hermano “Pedrito”, con el que he vivido momentos duros como este  y otros muchos de felicidad compartida.