crónica de un desconcierto


Esta semana he recuperado algo que ya hacía con menos frecuencia que en épocas remotas, bueno, no tan remotas, eh!. He ido a un concierto grande, con mucha gente. Nunca había visto a Jethro Tull en directo y a estas alturas era algo que daba por perdido, pero no, Ian Anderson nos sorprendió el sábado ofreciéndonos un concierto en el que su travesera sigue sonando con gran maestría, aunque su voz haya perdido un poco y su energía no sea la misma. Esto tiene una lógica, la santa madre naturaleza.

 

Pude observar algunos cambios en mi línea de visión, teniendo en cuenta que está bastante cercana al “suelo, suelo” ver cientos de hombros que me dejan algún hueco generoso por el que consigo percibir parte del escenario de vez en cuando. A los bajitos les veo la cabeza, y es aquí donde he notado un cambio más drástico: observando que la materia gris con el tiempo tiende a escaparse del cerebro, tiñendo el pelo de este color y en algunos casos lo arrancan de cuajo dejando a la vista cabezas desiertas de vegetación, que algunos tratan de disimular pasándose el cortacésped y otros uniendo los cuatro pelos despistados con una gomita, como si de una hermosa coleta se tratase, pareciendo más bien los restos de un pincel despeluchado. Por supuesto, esto le ocurría también a los protagonistas del escenario.

 

El movimiento del público también es quieto, ya no salta, como mucho se balancea, derecha-izquierda y despacito, tocan una flauta travesera imaginaria, o mueven y levantan constantemente los brazos armados con teléfonos móviles o cámaras fotográficas para inmortalizar el momento, momento que después es totalmente ilegible, limitándose a captar una mancha borrosa y brillante que normalmente son los potentes focos de fondo. Lo que no ha cambiado nada es el aroma a tu alrededor, cientos de cigarrillos aromáticos, tampoco cambió que la cerveza de otro, te caiga en el pié desnudo, para dejártelo pegajoso el resto de la noche; pero lo que no cambió ni debe de cambiar es ese rato maravilloso que compartes con tus amigos, gritándonos al oído, compartiendo el mini, las risas, los recuerdos, las añoranzas, esa complicidad para enfrentarnos al paso del tiempo… Con lo que hemos sido!!!

 

 

 

Después hubo un cambio, salío al escenario Gwendal que trajo un poco más de energía y más juventud que saltaba, incluso yo dí algún saltito, por los viejos tiempos. Esta es mi crónica del concierto,la musical que la hagan los expertos.

Me estoy alargando mucho…y me espera otro de mis chicos favoritos, el domingo Kiko Veneno!!! Ya os contaré…