miniaturas nevadas


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Walter Martin y Paloma Muñoz crearon la fascinante serie “Mundos en miniatura” colección de esas bolas cristal con las que todos nos quedamos fascinados cuando caen en nuestras manos, agitándolas inmediatamente para producir ese efecto de nieve que tanto nos gusta.

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“Estas magníficas imágenes traslucen el universo cerrado de unas esferas que encierran escenas de una fuerza dramática inusitada que parecen saltar desde un desasosegante relato incompleto.

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Los desolados paisajes que contienen, están habitados por figuritas que no visten ropas de montaña sino de volver de la oficina en una gran ciudad y cuya actitud denota huída, desorientación.

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Mujeres y hombres normales, viejos e inválidos de apariencia honesta, niños, parejas de jóvenes, fluctúan asustados, buscando cobijo y llevándose en brazos, devorados por los acontecimientos visibles o invisibles, unidos en el terror, desesperadamente solos, a punto de lo peor.

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Con un sentido espeluznantemente cómico y grandioso en su inmediatez plástica, Martin y Muñoz advierten del peligro de una sociedad controlada por manos invisibles cuyos bienes tangibles e intangibles se vuelven día a día más escasos”.

“eL aRQuiteCto Que Se rió de HiTleR”


Neoocláisca y grande, ¡muy grande! Así debía ser la ciudad soñada por Hitler. Uno de sus edificios principales sería una sala de reuniones gigantesca con una cúpula de casi 300 metros de altura. Si se sostenía o no, o si la acústica era buena, son preguntas que no se pueden responder y que, en su momento, no debían de interesar demasiado. Además de la sala de reuniones y un gigantesco arco del triunfo para celebrar la que daban como victoria segura, Germania también tendría una larga avenida, al estilo de los Campos Elíseos pero mucho más larga, para que los desfiles militares brillasen como debían. Hitler quiso conquistar el mundo y crear un imperio que nada tuviese que envidiar al de la Roma clásica o al de Carlomagno. Una ambición de tal medida debía tener una capital a su altura.

Hans Stephan fue uno de los encargados de diseñar Germania, pero, entre plano y plano, realizó una serie de dibujos satíricos sobre el proyecto del dictador | Berlín los expone después de sesenta años.  
 
  

La idea de crear una ciudad desde cero puede ser una idea tentadora para cualquier arquitecto. Sin embargo, si eso supone derribar la anterior, las cosas cambian. Stephan ironizó sobre este aspecto en muchos de sus dibujos satíricos. Los dibujos a plumilla de Stephan retratan edificios colosales, grúas amenazantes y un orden simétrico que a veces se ve interrumpido por la violencia. 

    

Una nueva puerta de Brandenburgo con una balanza de la justicia que se inclina sospechosamente.Hitler imaginó una ciudad a la altura de sus ansias de grandeza. Berlín pasaría a convertirse en Germania, una capital del imperio con edificios de hasta 290 metros de altura. Aún así, las caricaturas de Germania, como las llamaban Stephan, no debieron llegar a los oídos del Führer ya que, teniendo en cuenta el escaso sentido del humor del nazi, es difícil que en ese caso hubiesen llegado a nuestros días.

Aunque parezca mentira, Stephan decoraba las paredes de su despacho con estos dibujos. Incluso Albert Speer, el director del proyecto y uno de los grandes hombres de Hitler, conocía su existencia y no ponía objeción. De cualquier manera, el arquitecto no pensaba sacarlas a la luz hasta que la imponente Germania no estuviese en pie, un plan para los cincuenta.

 

 

ModeloS de fotoGrafía


 Otra vena infantiloide, me gustan estas muñecas, parece que te observaran desde una diminuta inteligencia de plástico, tienen carácter y vida propia, con expresividad incluida.  Cuando nacieron en el año 1972, inspiradas por la obra artística de la pintora norteamericana Margaret Keane , no tuve la suerte de conocerlas, lástima, ahora me pillan un poquito entrada en edad. 

La muñeca Blythe, inicialmente destinada para niñas, tiene unos enormes y redondos ojos que son capaces de cerrarse y cambiar de color  – de verdes, a naranjas, azules y rosas – tirando de una cuerda situada en la parte posterior de su cabeza.  Parece que este mecanismo consiguió infundir más temor a los menores que fascinación y su salida al mercado supuso un estrepitoso fracaso que llevó la compañía a la ruina.  Importante destacar el hecho de que algunos padres asociaban el extraño colorido de los ojos a los efectos causados por las drogas, en un momento de tanta confusión al respecto como fueron los 70. Pero la suerte de Blythe cambió completamente en la década de los 90, cuando cayó en manos de la fotógrafa norteamericana Gina Garan. Garan, fascinada con tan peculiar belleza, convirtió a la muñeca en modelo base de sus fotografías y con el tiempo en el centro de su producción artística.

 Este hecho marca el inicio de la nueva etapa de Blythe, desde el 2000 hasta la actualidad la fascinación hacia Blythe ha ido creciendo, convertida en objeto de culto para muchos y sobre todo en un campo de experimentación artística ajeno al mercado tradicional del arte y principalmente desarrollado por mujeres de todas las edades. Blythe como objeto de inspiración de fotógrafas y artistas plásticas, como modelo de diseñadores de alta costura y también como objeto artístico. Poseer una Blythe es equivalente a crear: otorgarle una personalidad, vestirla con creaciones propias, darle vida a través de la fotografía e incluso convertirla en algo único a través de la customización (cambio de pelo, maquillaje, color de ojos, etc.), para lograr personales creaciones o incluso réplicas de una misma.